Genaro Guízar: la historia detrás del personaje

Genaro Guízar: la historia detrás del personaje

Parte I: «El Niño Estudiante y Aprendíz de Panadero»

Para muchos es una persona fría, calculadora, terco e insufrible. Para la mayoria es un ser noble, con un amplio concepto de la humanidad y solidaridad con la gente, entregado y desprendido cuando sus sensores naturales así se lo indican, porque no es de los que confían nada más porque sí.
Es hombre que no olvida sus orígenes de pobreza y humildad en el rancho, pero que, gracias al esfuerzo de años de estudio, trabajo, aventura, migración, y de esa terquedad que algunos le critican, ha logrado alcanzar una situación que ahora le permite vivir holgadamente, sin separarse de sus orígenes.
Genaro Guízar Valencia, el niño, el panadero, el estudiante, el prospecto a seminarista, el contador privado, el orfebre, el migrante, el bilingüe, el político, nació el 28 de julio de 1947, en el Limón, una comunidad del municpio de Aguililla, en dónde estudió hasta el tercer año de la educación básica de aquel tiempo (ahora la educación básica incluye secundaria). La escuela del lugar era atendida por la maestra Alejandra Mendoza Montejano, quien dividía a los alumnos en el aula en tres grupos (primero, segundo y tercer grados) ya que solamente impartía la mitad de la enseñanza primaria, así que tuvo que concluir esos estudios en Aguililla, la cabecera municipal. Allá curso cuarto, quinto y sexto grados.
Hijo de Apolonio Guízar Zepeda, quien en la actualidad cuenta con 94 años, y de María Guadalupe Valencia, quien falleciera hace 12 años, a la edad de 77, Genaro es el primero de 14 hermanos, 13 de ellos de padre y madre, y un medio hermano, hijo de Don Apolonia, nacido fuera del matrimonio, pero que fue criado en el seno de la familia .
De niño, Genaro Guízar trabajó en el campo con su padre, pero la actividad no le agradaba, pues dentro de sí se mantenía el interés por seguir sus estudios hasta la universidad, deseo que quedó trunco al tener que hacer una carrera corta, la de Contador Privado, la cual le permitió evadir el deseo y presiones de su señora madre, quien insistía en convertirlo en seminarista, luego entonces, en sacerdote. Su padre, alejado de cualquier religión, se oponía a la posibilidad de tener un Cura en casa porque para él «eran jotos». Prefería un campesino, como él lo había sido toda la vida.
No obstante las perspectivas paterna y materna, a Genaro no le agradaba ninguna de las dos opciones, pese a que convivía con sacerdotes en Aguililla, pues junto con otros niños de El Limón, vivía cinco días a la semana en el curato, en dónde se les daba alimentación y hospedaje para facilitarles la estancia mientras estudiaban.
Su obstinación por estudiar no evitó que Genaro Guízar tuviera que trabajar en su natal, El Limón, los fines de semana, cuando regresaba a casa y durante los períodos vacacionales y aún cuando cursaba la secundaria.
Pudo Genaro desprenderse del compromiso de ayudar a labrar la tierra y cuidar ganado al lado de su padre, pero no de tener que trabajar para contribuir al sustento familiar, así que obtuvo empleo como ayudante del único panadero del pueblo, Pedro Ceja.
Las extenuantes jornadas al pie del candente horno artesanal le permitían ganar seis pesos diarios, y tener la oportunidad de llevar a casa algunos panes para la familia, bajo una condición harto cruel y despiadada, más cuando se trataba de un niño de menos de doce años de edad, y que tenía la necesidad de trabajar para ayudar al sustento familiar.
El dueño de la panadería regalaba a Genaro tantos panes como fuera capaz de soportar en las manos recién sacados del horno. Lo que para el niño era una cruel tortura soportada por la superior necesidad de llevar pan a la casa, para Pedro Ceja era una diversión, pues reía mientras su pequeño trabajador sufría al sentir lo candente de las piezas en sus manos. Tal vez esta situación templo el carácter de Genaro, quien comenzaba a obsesionarse por continuar sus estudios y por salir del rancho en busca de un futuro mejor.
Su infancia no fue fácil, ya que una vez qué ingresó a la escuela secundaria en Aguililla, combinaba los estudios con el trabajo como aprendiz de panadero, aunque la actitud de Pedro Ceja cambió, pues ya no le era tan divertido abusar de quien se había convertido en un adolescente, ante la posibilidad de una reacción de quién había dejado de ser niño.
Y es que Genaro volvió a Aguililla a los 14 años y se inscribió en la secundaria, así que regresaba a El Limón los fines de semana y seguía con su actividad en la panadería. A los 17 años concluyó la educación media y regresó a El Limón, ahora con la idea de trasladarse a Apatzingán a estudiar la preparatoria, pero en su rancho se encontró con una buena oportunidad de trabajo. La maestra Alejandra Mendoza Montejano, le consiguió una plaza como maestro rural, así que comenzó a dar clases en la escuela del lugar con un sueldo variable entre los 300 y los 500 pesos mensuales.
Genaro se hizo cargo de los niños de primero, segundo y tercer grados, lo cual permitió a la maestra Alejandra de ocuparse de cuarto, quinto y sexto grados y convertir en integral la educación en la escuela del lugar.
La docencia le permitió ahorrar dinero, pues no quitaba el dedo del renglón en cuanto a seguir sus estudios. Trabajó como maestro sólo el tiempo que consideró necesario y en un viaje que hizo a Apatzingán, supo de la existencía de una escuela llamada Academia de Comercio «Pitman», así que se inscribíó y, al prever dificultades para encontrar pronto un trabajo que le permitiera sostenerse y pagar sus estudios, adelantó algunas mensualidades y se olvidó de estudiar la preparatoria, pues también se había informado que la única escuela de ese nivel en Apatzingán no tenía edificio propio y era insegura su permanencia. Se impartían las clases en la Comisión del Río Balsas, lo que ahora es la Secretaría de Agricultura, ubicada en avenida Madero, en Apatzingán.
Así que, cumplidos los detalles para cursar una carrera corta en Apatzingán, Genaro regresó a El Limón para preparar maletas y salir del rancho en busca de otros horizontes, mientras su padre, Don Apolonio, le preparaba la inolvidable despesida… (Continuará el lunes)…