* Silvano en camisa de 11 varas
* Tiene toda la razón, pero ¿tiene pruebas en mano?
* Desde hace dos décadas el crimen organizado ha inclinado elecciones
El gobernador de los michoacanos, Silvano Aureoles Conejo, se metió en un grave problema que podría tener repercusiones no solamente jurídicas, sino también políticas e incluso de seguridad personal.
En entrevista con el comunicador Ciro Gómez Leyva, el caracuarense criado en Zitácuaro tocó el espinoso tema de la participación de la delincuencia organizada en el evento electoral del 6 de junio, misma que habría inclinado la balanza en favor de Morena y su candidato Alfredo Ramírez Bedolla, en lo que se refiere a la franja de la Tierracaliente michoacana, pues sólo tres distritos (Apatzingán, Lázaro Cárdenas y Huetamo) fueron suficientes para definir el rumbo de la elección.
Nos guste o no nos guste, Silvano Aureoles tiene razón: la delincuencia organizada participó y entregó el resultado en favor de Morena, sin embargo omitió decir que los poderes fácticos han participado en mayor o menor grado en las elecciones de los últimos veinte años. Esta vez no fue la excepción.
La actividad fáctica en las elecciones del 6 de junio pasado es solamente la resultante de todas sus anteriores participaciones para fincar gobiernos que, como el de Silvano, han estado impedidos para acabar con un problema que afecta a todos los michoacanos, debido a que se crean compromisos entre gobernantes y delincuentes.
Durante este último proceso los grupos armados dispusieron de la elección en municipios, tenencias y zonas de su influencia. De eso no hay duda porque quien esto escribe ha escuchado testimonios de quienes fueron utilizados para hacer llegar la «orden» al electorado. Los nombres nos los reservamos porque fueron obligados mediante la amenaza.
Pero igual ocurrió en las elecciones estatales de 2015, 2011 y 2007.
Antaño no había delincuencia organizada como tal, pero sí narcotraficantes que trabajaban de manera aislada unos de los otros, mediante el respeto mutuo.
En la elección de 1988, fueron los narcos los que dirigieron en Michoacán el resultado en favor del llamado Frente Democrático Nacional a través de los partidos que lo integraban.
En ese entonces el ya desaparecido Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) fue el más socorrido con votos, pues la imagen del Monumento a la Revolución en su logotipo, facilitaba la indicación al electorado: «hay qué votar por la casita».
Recuerdo como si hubiera sido ayer cómo los «promotores» de el voto en favor del PARM hacían la señal a los votantes al entrelazar ambas manos por sobre su cabeza, para hacer la figura de «la casita».
No pasó nada tras la elección del 1988 porque la democracia estaba en pañales y porque Cuauhtémoc Cárdenas se «dobló» en la lucha luego de la «caída» del sistema anunciado por el entonces Secretario de Gobernación y ahora «honesto» y «patriota» funcionario federal, Manuel Barttlet Díaz.
Lo dicho por Silvano ayer ante Ciro Gómez Leyva, no es ninguna novedad. La incidencia de la delincuencia organizada el pasado 6 de junio tampoco lo fue.
Sin embargo es lamentable que el voto de la gente se encuentre secuestrado por políticos y por delincuentes.
Es lamentable que los empoderados por la política o por las armas dispongan a su antojo de la voluntad popular e inclinen los resultados hacia donde ellos quieren, bien sea mediante la dádiva o bien sea mediante la amenaza.
La dificultad de probar todo lo anterior comienza por el riesgo de perder la vida. No es fácil probarlo, pero de que ocurrió, ocurrió, y de eso todos los ciudadanos estamos concientes, aunque por conveniencia pretendamos fingir demencia, o aunque no todos lo digamos.
Sin embargo, lo repito, de la delincuencia organizada se han beneficiado en diferentes momentos de la reciente historia electoral, el PRI, el PRD y, ahora, Morena, indicativo de que hay un contubernio letal para Michoacán, tal vez para el país.
El crimen organizado hace ganar a la novia en turno y eso es todo.
Hasta la pr.óxima.